dimarts, 9 de juny de 2009

Cuentos

Hay un momento en la unversidad donde el alumno ingenuo, el de casta y enjundia ya conoce el percal, casi llega a creer que la aquitectura es una especie de disciplina revolucionaria al servicio de las personas.

Más tarde, no puede dejar de preguntarse: ¿y este cuento surgió de una mente maquiavélica? ¿Es que nuestra sabia escuela se nutre de un profesorado totalmente enajenado?

Cualquiera con pocas luces descubre rápidamente que la Arquitetura es reaccionaria casi por definición. Es un instrumento de poder, o como mínimo está a su servicio. Si los valores de la clase dominante cambian, los arquitectónicos también, esto ha sido así en el renacimiento y ahora. Alguien puede tranquilizar su conciencia con algún invento ad hoc, quizás...pero sólo cabe, a modo ilustrativo, un pequeño repaso histórico.

Al principio del siglo XX la burguesía industrial, hija de la burguesía colonial, orgánica y paternalista del siglo XIX, se dispone a tomar el poder y el control económico de occidente (del mundo). El sr. Ford es su referente, eficiencia y confianza en la tecnología y el progreso son sus valores, con ellos se dispone a producir millones de objetos con los que inundar el planeta.
Pero las ciudades sucias y enfermas, no estaban a la altura, no producían obreros suficientemente sanos y eficientes. Dicha burguesía tampoco disponía de un instrumento de representación adecuado y tuvo que inventarse el movimiento moderno, y sus momentos heroicos.


Después de la segunda guerra mundial, el acento en el capitalismo pasa de la producción al consumo. Se "inventan" las marcas como instrumento identitario para diferenciar productos iguales. Individualidad e identidad son los valores en alza, así que nos reciclamos, a través de Venturi y otros ideólogos, y nos ponemos, al servicio de marcas y multinacionales, a suministrar identidad a edificios banales con lucecitas o cualquier otro artilugio.
Hoy estas multinacionales estan descubriendo la panacea: su seña de identidad será la "sostenibilidad" o "el respeto a la naturaleza".


Capitulo aparte merece la arquitectura al servicio de las socialdemocracias europeas, en su papel de mecenas.




A veces, entre cuentos de terror, recuerdo aquel estudiante que quería construir lugares mejores para ser habitados.






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