dissabte, 13 de febrer de 2010

Una de encargos y promotores

Sin rodeos: no creo en el arquitecto autónomo que dicta a sus clientes cuales son sus deseos y necesidades. Por el contrario, creo que un buen proyecto nace de la buena comunicación con el promotor y la respuesta a sus inquietudes. Los anglosajones, que se empeñan en darle nombre a todo, le llaman “feed-back”, o sea retro-alimentarse, comprender y beber de las ideas del otro, del promotor.
Eso de que el cliente, en especial si es la administración, no es nadie para coartar la libertar del arquitecto es un mito aprendido en la escuela que nos hace más mal que bien. Justamente si es la administración, que es la representante de los ciudadanos, tiene el deber de saber y exigir a los arquitectos lo que quiere para sus lugares de convivencia (aunque he de decir que lo quiere a veces asusta). Quizá por eso en tantas ocasiones los edificios encargados a “estrellas” son tan pobres, como mínimo en Barcelona, porque ni su relación con la ciudad, contribución urbana, o programa funcional tienen importancia frente a lo único trascendente en el momento del encargo: la firma que llevará el proyecto. Dejar la arquitectura y la construcción de la ciudad en manos de una élite de arquitectos ensimismados es un camino que da pavor.
Claro que no por eso, ya lo dije un día, le haría ascos a un proyecto donde programa y presupuesto sean lo de menos. Pero mientras, uno sigue liado y lidiando con presupuestos ajustados y clientes con ideas claras. Esto era un proyecto-compromiso, de esos que debes aceptar y prácticamente no cobrar.

antes de empezar las obras
Se trata de la ampliación de una casa adosada; la casa es envidiable, grande, espaciosa, con jardín, vistas y situada en un lugar privilegiado, pero..., dicho eufemísticamente, adolecía de criterio arquitectónico alguno. Vamos, que cuando la vi se me cayeron al suelo. Es más, gastados todos los recursos en la compra, la ampliación debía ser lo más económica posible, y de fácil ejecución ya que la obra la llevarían a cabo el propietario, que es muy habilidoso, un paleta apañado y ayudaría un chico rumano. Casi el tipo de encargo con el que todos soñamos.


Dos meses más tarde, con la obra casi acabada
Con todo, el invento de la ampliación debía servir para cambiarle la cara a toda la casa, y después de alguna discusión que ya no recuerdo, el resultado creo que es más que aceptable. También creo que tanto el cliente como yo acabamos satisfechos de un trabajo más cercano a una colaboración que a un encargo. Ahora de lo único que me arrepiento es de no haber hecho ninguna foto decente con la obra terminada.


Ficha técnica: Reforma y ampliación de casa adosada en Girona; arquitecto: quien escribe todo esto; aparejador: Miquel Guifrell; Propietat: Can Bayre s.l. (Ermengol i Montse)

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