dimarts, 29 de desembre de 2009

Más luz, más Navidad, más Barcelona.



La coña marinera es que tal prodigio viene de la mano de los autores del "menos luz, menos Navidad, menos Barcelona" del año pasado. Los mismos. Porque a alguien se le ocurrió cómo contaminar la mitad: pues apagando la mitad de las luces. Las primeras Navidades de la crisis (estas ya son las segundas) , y a oscuras. Ya puestos, hubieran podido regalarnos cúters para cortarnos las venas, pero en su lugar nos dejaron algo mejor: unos árboles de Navidad a pedales que nos costaron una millonada. Y como a nadie le daba por meterse a emular a Induráin o Lance Armstrong, acabaron conectándolos a un generador. Impresionante. Temo que quien no esté al tanto de las peculiaridades del día a día barcelonés se tome esto como un relato del absurdo (que lo es), pero no: de ficción no tiene nada... Bien está enmendar errores, pero regodearse con cartelitos como éstos me pone de mala leche. Si me dedico a meter el dedo en ojo ajeno, a la que me aburra y me dedique a otros menesteres no es razonable que me pida una medalla por mi contribución al cese del dolor ocular. Pero es lo que dicen de la política: el arte de aplicar soluciones erróneas a problemas inexistentes. Así andamos.


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