dilluns, 4 de gener de 2010

Un paseo por Kyoto

La crisis se terminó: lo anunciaron anoche en televisión. Así que me he sentido liberado de la engorrosa y patriótica tarea de consumir, hoy parece que el país ya no necesita de mis compras para salir adelante. Liberado del deber de distribuir mi gasto entre restaurantes, cines y teatro, y un poco aturdido ante el vacío, he decidido ir ha darme una vuelta. Me gusta andar, soy de paso ligero, así que no he tardado mucho en plantarme en una tasca de la 43, en el centro de Tokio. Ciudad donde por lo visto se está, o se estaba, celebrando estos días un prestigioso congreso de arquitectos y prestidigitadores, vamos que los grandes gurus de la disciplina se han dado cita aquí para hablar de sus cosas.
Sintiéndome ajeno y convencido de lo poco en común con todos ellos, pedí mis makis bañados en sake, entregándome a los placeres de una ciudad desconocida. Ya cargado, la curiosidad me venció, probamos nuestra orientación en el metro y nos plantamos en las puertas del auditorio donde se celebraba dicho congreso. El fin de fiesta había dejado a modo de confeti cientos de programas de las conferencias. Destacaban unos panfletos rosados, “la arquitectura es un arte visual”, de un tal Slim, o algo así, ¡vaya imbécil!
Confirmado que ha sido un acierto llegar tarde. Nini me convence, o yo a ella, de montarse en el tren bala y plantarnos en Kyoto. Ella con la esperanza de ver un espectáculo de Kabuki, yo con la de emular al Sr.Taut y descubrir para occidente el palacio imperial, o tan sólo volver a ver esos Mondrians que Ishimoto fotografió en blanco y negro.
El palacio imperial Katsura está construido a trozos por dos príncipes a o largo del siglo XVII. O sea, más o menos contemporáneo al palacio de Versalles, claro que este último es el fruto de la acumulación de poder, símbolo de la dominación del hombre, uno en particular, sobre los demás y sobre la naturaleza, y Katsura más bien es el reflejo de una familia imperial sin poder, lo perdió frente a los samurais y tuvo que conformarse con la vida contemplativa y el dominio sobre la ciencia y las artes, siendo la ambigüedad y el equilibrio de poder entre samurais y nobleza y mercaderes urbanos una necesidad.
No se encuentra en lo alto de una colina como Versalles, carece de un foco central, de un gran eje o de un enorme patio de honor. Se trata de una serie de cuerpos adosados de forma escalonada, o en formación de vuelo de ganso, buscando la mejor orientación de cada sala y la vista sobre el lago y los jardines que se suceden fragmentadamente sala tras sala, más o menos como la planta de una de las casas de Neutra. ¿Y los jardines? Con la naturaleza mitificada, las visuales cambiantes y la falta de referencias, si son tan distintos a la naturaleza dominada por el rey sol de Versalles, es sobre todo porque la arquitectura está destinada a satisfacer otras necesidades más allá de su apariencia visual.
Ishimoto y Tange nos enseñaron a ver los espacios claros, versátiles y desnudos del palacio, la horizontalidad, las composiciones a lo Mondrian y otros tópicos de la arquitectura moderna. Se olvidaron de fotografiar los enormes y magníficos tejados cóncavos poco acordes con la arquitectura moderna, y tuvimos que esperar a los años ochenta, con la arquitectura enfrascada en mayores ambigüedades, para poder disfrutar de ellos. Esta vez, en color, Ishimoto se aleja del objeto fotografiado, no abusa de los planos descontextualizados y nos muestra sin rubor la decoración inacabada y algo rústica de un palacio menos estático.


Es de perogrullo que la arquitectura, o lo que algunos entendemos como tal, trasciende lo visual, crea y satisface necesidades, es signo de los valores de quien la promueve, y la entendemos en cada momento según nuestra condición. Y, obviamente los maestros carpinteros que construyeron Katsura no eran arquitectos, ni mucho menos artistas, tampoco lo era el maestro de la ceremonia del te que concibió sus parámetros estéticos.

Los reflejos del sol, que deberían ser de luna, en el lago enrojecen shoji y techos. Antes que una amable japonesa nos eche, Nini y yo casi ocultos en el Tokonoma del viejo Shoin damos rienda suleta a nuestras lascivas necesidades emulando los delicados príncipes del pais del sol nasciente, o del imperio de los sentidos.


4 comentaris:

  1. Tú sí que vales, Arnau... Mientras Manolo-man y un servidor perdían el tiempo en la conferencia, tú de reportero en el palacio de Katsura. La vida es demasiado breve como para perder el tiempo con pendejadas que te hiervan la bilis, así que otra vez fueiste más inteligente... Eso sí, me sabe fatal que no dierais señales de vida para compartir un sake con nosotros. Por cierto, ¿ilustraste el momento en que disteis rienda suelta a vuestras "lascivas necesidades"? Es sólo por curiosidad...

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  2. Jugaba con ventaja, algo había oido sobre las conferencias, y hacía tiempo que quería ver el palacio. Con la emoción del momento nos olvidamos de hacer fotos, pero seguro que las cámaras del circuito de seguridad lo tienen todo grabado.
    El próximo día el sake va a nuestro cargo.

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  3. Estuve hace un año en Japón, no pude visitar Katsura pero a la vuelta casi por necesidad investigué sobre esta villa. Como daño colateral nació una revista digital www.engawa.es

    Un post sugerente que alimenta obsesiones.

    un saludo

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  4. Prometo pasearme por la revista, y seguir cultivando mi obsesión por Katsura, por la que sólo me he paseado a través de sus imágenes, por las de Ishimoto sobretodo.

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