dimecres, 15 de juliol de 2009

En verano, chapuzones.




Me parece que ya en pleno bochorno barcelonés, los sueños se reducen a:

- Una horchata en Can Sirvent, los de la calle Parlament.

- Un quinto bien frío, tomado en gallumbos, espachurrado en el sofá de casa. Chet Baker de fondo.

- Conseguir un día una entrada en la Monumental, para gozar viendo a José Tomás. No pierdo la esperanza: mi amigo Manel está en ello...

- Un cucurucho con dos bolas de helado, pongamos que de "La Campana" de la calle Princesa. Me lo pido de nata con tropezones de galletas cookie y... ¿yogur?

- Una cena en el jardín de la casa de Joana, que colgar no cuelga pero me parece babilónico. Imprescindible salir taja perdido, apuntalando a un Manel todavía en peor estado.

- Que se te hagan las tantas en el "Gimlet" del Rec, gin-tónic de Seagram en la mano, y otra vez con Chet Baker cantando o tocando, que tanto da. Si es con Claudi al lado, pues mejor.

- Y... ¿por qué no? Darse un buen chapuzón en la piscina...


Esta piscina se quedó en sueño. No, no... No es photoshop... La construímos, pero para que se bañaran otros, los que pagaron. Es lo que más me fastidia de esta profesión: lo das todo para que otros puedan vivir tus sueños. Quizás por esto prefiero el espacio público: siempre puedo reclamar mi parte en el goce.


FICHA TÉCNICA: Piscina SC. Compartiendo el lápiz, Claudi Aguiló Riu y yo mismo. En Sant Cristòfol, Barcelona.


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