dijous, 9 de juliol de 2009

entoldado

Si hoy es jueves ahora es verano, a este lado del ecuador, claro. Será por esto que me acuerdo de otros veranos, con un sol mucho más implacable que el que hoy anda escondido tras un cielo gris y fresco. Así que, por unos instantes, dejo Barcelona para recordar Hué y un mediodía en que almorcé unos fideos crujientes como no he vuelto a probar en mi vida. Vietnam y la comida dan para dedicarles un blog entero. O trenta y tres.

Pero en esta entrada no voy a mirar al plato. De niño, una profesora nos contó que un arquitecto es un tipo que cuando anda mira al cielo. Supongo que a lo que se refería es que un arquitecto no sólo ve, sino que mira. Tiene un ojo con intención, y además se trata de un ojo muy cotilla. Creo que esto es aplicable a cualquier colectivo que se dedique a construir sueños con material de la vida misma: fotógrafos, escritores, pintores... y médicos, cocineros...

Pues levanto así la vista...


Entre el plato de crispy nooodles y el sol devastador se interpone una macla de toldos enrollables. Elementos humildes y del montón, sin ninguna gracia... hasta que se repiten con demasiada profusión, se yuxtaponen unos con otros y levantan sus faldas para enseñar las bragas hasta media calle. De la construcción a la arquitectura hay este pequeño e intangible paso. Y el arquitecto sólo se ha requerido para zamparse los fideos.


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