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dijous, 8 de juliol del 2010

Que triste han dejado mi pueblo, o vivir en un decorado I

Digo mi pueblo no porque haya nacido o vivido en él, de hecho, con poco sentido del arraigo y cierta voracidad hago mío casi cualquier sitio donde haya sido feliz aunque sólo sea algunas horas. Este pueblo mío está en el pirineo, es un pueblo de montaña que han ido convirtiendo en una triste tramoya. Primero sus responsables locales consideraron mucho más eficaz y ventajoso extenderse por el llano, recalificando prados y construyendo bloques de apartamentos, que rehabilitar el casco histórico, así que, mientras el pueblo crecía a marchas forzadas, su centro se iba degradando y deshabitando. Cuando el precio del suelo subió lo suficiente para que alguien se fijara en el centro abandonado, la normativa, y los señores que la impulsaron, ya hacia tiempo que habían decidido convertirlo en una especie de “parque temático de la montaña”. Como en tantos otros pueblos se había impuesto las fachadas de piedra vista, junto a una demencial lista de elementos folclóricos. Los edificios nuevos se re-vistieron, o disfrazaron más bien, con una uniforme capa de piedra, y a los antiguos se los ha desnudado, dejando grotescamente al aire una mampostería nunca pensada para ir vista. Las calles estrechas, antes iluminadas con la luz que rebotaba de fachada a fachada en los revocos y pinturas de color, ahora son oscuras y tristes, porque la piedra así desnuda es triste Y, ¿esta tristeza a mayor gloria de qué? De una imagen, de un imaginario que alguien un día vendió, y los demás hemos comprado, supongo que con la finalidad de recuperar algo que nunca existió y que ese día empezó a perderse. Las casas de estos pueblos del pirineo nunca fueron de mampostería vista, porque este revoco que tanto desagrada no era ninguna decoración (como las actuales fachadas de piedra), todo lo contrario, servía para impermeabilizar, para evitar la humedad en su interior. Sólo las casas pobres que no podían hacer un correcto mantenimiento y algunos pajares o corrales de animales, donde se decidía ahorrar, quedaban con la piedra desnuda. Hoy los veraneantes viven contentos en pobres casas revestidas de caros trajes de piedra vista. Si alguien busca, quizàs es tema de una tesis averiguar de donde salió la imagen de estos decorados en los que por ejemplo nunca falta la pizarra de Galicia antes imposible de encontrar en los tejados de mi pueblo, imagen a medio camino entre las casas tirolesas y los pajares de algún otro valle pirinaico. La susodicha normativa también impone que cada casa tenga su parking: el coche, como la mula, debajo la cama y atada en corto. Así que esas calles oscuras se han quedado sin ningún comercio, han sido substituidos por un desfile de puertas de parking. Y el pueblo con su muralla medieval incluida, cada día se parece más a una urbanización de San Cugat, eso sí, de piedra vista.



Casa núm. 6 en el Passeig Elias, arquitecto J.Mª Sostres

Este pueblo no es sólo mío, también lo fué de Sostres, el arquitecto que en los años 40 construyó aquí sus primeras obras, y que afortunadamente trabajó sin el estúpido corsé de los señores de la piedra. Sus casas son de piedra, con muros de unos cincuenta centímetros de espesor, claro, como todas las que se hacían entonces, y esos muros están revestidos y pintados de colores, y hoy también fuera de normativa, en especial la más afortunada y doble pecadora casa núm. 6 del Passeig Elias. Digo doble, porque no sólo ha cometido el pecado de tener la piedra revestida y pintada, además es blanca. Si lo habéis leído bien ¡blanca!: pecado mortal por estos lares, y por la mitad de los pueblos catalanes. No sé que mal les ha hecho el blanco, o quizá alguien cree que prohibiendo el blanco van a convertir los pueblos catalanes en bucólicos pueblecitos de la Provenza.

dissabte, 6 de març del 2010

Fachadas (II)

En tierras del maiz y serpientes emplumadas



casa Salmones, Puebla.


Historias de los mil y un minaretes en Istambul.

dijous, 15 d’octubre del 2009

¿Que hacer con estos cacharros?



".... no es de nuevo cuestión de oportunidad o sentimiento el que debamos conservar los edificios de tiempos pasados o no. No tenemos derecho alguno a tocarlos. Pertenecen en parte a aquellos que los construyeron, y en parte a todas las generaciones de la humanidad que nos seguirán."

Entre los enfoques, este es el más inflexible y radical que conozco, la cita pertenece a una de las lámparas del puritano John Ruskin. O sea, que estas ruinas, u otros edificios del pasado, no los podemos ni tocar, entre otras cosas porque no nos pertenecen, sólo somos algo así como sus gestores -podemos cobrar entrada y poco más-.

No tan radical, pero igualmente contundente es nuestro amigo Isidre: "si no sirve, dinamita". (1)
(1) Y como va de citas: "el poder especial de la cita (...) nace de su capacidad de hacer limpieza con todo, de extraer del contexto, de destruir", una cita sobre citas de Walter Benjamin sustraída del El hombre sin contenido de Giorgio Agamben

No seré yo quien vaya a dinamitar el Partenon, de eso ya se encargaron turcos y venecianos (rematando la faena diplomáticos e historiadores británicos). Ya me gusta tal y como está, no veo la necesidad de reconstruirlo. Tampoco voy a negar que me siento incómodo cada vez que pago una entrada (en este caso muy asumible) para convertirme en un turista que va a contemplar un "monumento histórico". Al cruzar el rodillo uno entra en un nuevo espacio, se produce un proceso de enajenación donde, como en la cita de Benjamin, el objeto es sustraído de su contexto (histórico, cultural, social....), es desligado de cualquier tradición. Cómo un coleccionista que, arbitrariamente, en nombre de alguna autenticidad, libra un objeto "de la esclavitud" de ser útil (y de pasada, aumenta su valor). Extrañados, fuera de contexto, son objetos incomprensibles, uno solo puede apelar al prejuicio o a la cita aprendida en algún medio.

Volviendo a Agamben: "la ruptura de la tradición abre una época en la que entre lo viejo y lo nuevo ya no hay ningún vinculo posible más que la infinita acumulación de lo viejo en una especie de archivo monstruoso", y ahí estamos produciendo trastos kitsch y acumulando cacharros.

El teatro romano de Plovdiv, Bulgaria,
un "equipamiento" aún en uso, un elemento más del paisaje urbano

Tengo entendido que nuestro querido ayuntamiento ha propuesto cobrar entrada para "visitar" el Parque Güell (¿desde cuando un parque se visita?). De esta forma enajenará otro pedazo de nuestro paisaje urbano y sentimental, de nuestra tradición, para entregarlo a las huestes de turistas y visitantes, entregados a su belleza e imposibilitados de comprender nada. Perdonen que me ponga melodramático, es que a uno le jode no poder volver a pasear con las novias de la adolescencia por el parque, y no porque ya no sea adolescente.

la mirada de Isidre sobre el Parque Güell
Sin duda no parece la mejor manera de gestionar el turismo, separando turistas de autóctonos, dándoles a los primeros un brazalete, mirándolos con ojos de dolar y cobrándoles por pasear, mientras que a los demás nos quitan nuestros paisajes de infancia y adolescencia. +
P.D.- si algún día la reconstrucción del pabellón de Alemania tuvo sentido, lo perdió en el momento que empezaron a cobrar entrada, y yo perdí un magnifico lugar para ir a leer.

dilluns, 12 d’octubre del 2009

Esquinas



Esta entrada va dedicada a las cuatro esquinas que forman el cruce entre Pho Ta Mien y Pho Luong Ngoc Quyen, en la ciudad de Hanoi (Vietnam). Están ocupadas por diversos puestos bulliciosos de bia hoi, la cerveza más barata del mundo: con 10$ puedes pagar 100 cervezas y hacer muchos amigos. Tengo que reconocer que allí pasé muchas horas sentada junto a mi recién marido que, al igual que yo, es un gran practicante de la vida contemplativa. Entre litros y litros de cerveza veíamos la vida pasar (es importante que sepáis que la cerveza es de elaboración artesana y tiene muchos menos grados que una cerveza normal, a ver qué os vais a creer...). Entre aquellas cuatro esquinas se desarrollaba la trama real de una película apasionante, de la que era imposible apartar la mirada ni siquiera para levantarse e ir a evacuar todo el líquido que estábamos ingiriendo como antídoto al calor asfixiante que nos envolvía. Aquella sucesión de imágenes caóticas y sonidos ensordecedores quedaron grabados en mi memoria. Mi mano intentó reproducirlos en la libreta que me acompañó durante todo el viaje, para no olvidarlos, para emocionarme al recordarlos, para que sigan hablando de aquello que vi y para que los pueda compartir con todos vosotros. Es por ello que aquí os los dejo...


dilluns, 27 de juliol del 2009

últimos suspiros de una china que ya no es



Cuando cae el sol el puente es un ir y venir de campesinos que van o vuelven de los campos. Las sempiternas brumas de los paisajes y paisajistas chinos han dejado paso a una luz preciosa. Los bancos están vacíos, nadie espera, quizá es el único rincón en China sin viejecitos matando las horas en grupo. Los turistas chinos se fueron, los trajeron en autocar y ya se los llevaron, aquí sólo hay un puente para ser visto, el resto es demasiado pobre. Turistas occidentales no hay, los dejamos atrás hace días cuando sustituimos el inglés por la imaginación, los gestos y dibujos de signos imposibles. Nosotros nos resistimos a irnos, porque la luz es bellísima, el paisaje y los colores deliciosos, y porque a pesar de llevar dos dias en el pueblo, al parecer algo inconcebible, hemos tenido que pagar la entrada (el peaje de los turistas). Porque a algún dirigente local del partido se le ocurrió que la mejor manera de sacar provecho de los últimos reductos de pintoresquismo chino era poner un peaje -sólo para no residentes- en la entrada (lo raro es que no se le ocurra a ningún dirigente local de los nuestros, en la ramblas p.e.). Y así la plaza y mercado del pueblo se ha convertido en un parking gratuito de autocares, demasiado grandes para tan poca plaza, y en el puente ya no queda nadie, quizás viejitos y famílias se cansaron de ser observados cual rareza de feria por la gente de ciudad, quizás los turistas, o el dirigente local, no lo consideran apropiado, al fin y al cabo pagaron 40 yuanes para ver un puente, no campesinos transportando estiércol.


Ficha técnica: puente, altar y lugar de reunión. arquitectura anónima, s.XVI.
Un puente, deberia ser un ejercicio obligatorio en las escuelas de arquitectura.

Preciosa postal de una China que se desvanece.


dijous, 9 de juliol del 2009

entoldado

Si hoy es jueves ahora es verano, a este lado del ecuador, claro. Será por esto que me acuerdo de otros veranos, con un sol mucho más implacable que el que hoy anda escondido tras un cielo gris y fresco. Así que, por unos instantes, dejo Barcelona para recordar Hué y un mediodía en que almorcé unos fideos crujientes como no he vuelto a probar en mi vida. Vietnam y la comida dan para dedicarles un blog entero. O trenta y tres.

Pero en esta entrada no voy a mirar al plato. De niño, una profesora nos contó que un arquitecto es un tipo que cuando anda mira al cielo. Supongo que a lo que se refería es que un arquitecto no sólo ve, sino que mira. Tiene un ojo con intención, y además se trata de un ojo muy cotilla. Creo que esto es aplicable a cualquier colectivo que se dedique a construir sueños con material de la vida misma: fotógrafos, escritores, pintores... y médicos, cocineros...

Pues levanto así la vista...


Entre el plato de crispy nooodles y el sol devastador se interpone una macla de toldos enrollables. Elementos humildes y del montón, sin ninguna gracia... hasta que se repiten con demasiada profusión, se yuxtaponen unos con otros y levantan sus faldas para enseñar las bragas hasta media calle. De la construcción a la arquitectura hay este pequeño e intangible paso. Y el arquitecto sólo se ha requerido para zamparse los fideos.


dilluns, 15 de juny del 2009

los jardines colgantes de Hué


Una pensión hermosamente cutre en Hué... En las terrazas, jardines colgando, sin más tecnología que un tiesto y alambre... ¿Para qué más?